La ley pone en manos de las entidades locales el censo de las colonias, la gestión por el método CER y la acreditación de quienes las cuidan. Esto es lo que queda escrito —y lo que se puede enseñar— cuando lo lleva Kobijo.
Cada colonia con su ficha, su número de registro y su sitio en el mapa; cada gato con su identificación, su sexo y su estado de esterilización. Cuando llega la pregunta de cuántos gatos hay y dónde, la respuesta ya está escrita.
Cada actuación veterinaria queda con su fecha, el producto y su lote, y el profesional que la hizo. Es lo que convierte «aquí se hace CER» en un expediente que se puede mirar.
Carné con foto, documento y fecha de caducidad, que cualquiera puede comprobar desde su móvil sin entrar en el sistema. Y cada visita queda fichada por la persona que la hace.
Una queja vecinal, un gato herido, comida donde no debe: la incidencia entra desde el móvil con su foto y su fecha, y no desaparece hasta que alguien la cierra.
El acta sale con sus documentos adjuntos y, si queda algo pendiente, con la fecha de la vuelta. Sirve para acompañar un informe técnico sin volver a redactarlo.
Quien firma no tiene que responder de memoria por lo que hizo un voluntario: cada visita, cada incidencia y cada carné llevan su fecha y su nombre.
Las actas de inspección y las incidencias de colonias son dos de los once informes que salen del propio trabajo del día a día, todos exportables a Excel.